- Sólo estoy empezando a entender qué es lo que quieres; siento que te lo debo.
- ¿Por qué me haces esto?
- ¿Qué? Siempre me has reprochado que no fuera capaz de comprender tus rarezas.
- A eso me refiero, moriré el día que me comprendan; porque eso querrá decir que soy como ellas. Como todas las que se extinguen antes de caer en vuestras camas y volverse universales. Como esas que se convierten en número y adorno, en un gemido fingido en un hotel, en un reproche a contrareembolso.
- No te entiendo...
- ¿Ves? Eso está mucho mejor.

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